Sotosalbos V. Los ventanucos

Siempre me han llamado la atención esos ventanucos de algunas de nuestras casas. Esos que parecen mirarnos desde las fachadas, vigilando nuestros pasos. Ventanucos que no dejan ver si alguien tras ellos escudriña nuestro deambular por la calle.

Y lo cierto es que casi estamos seguros que nos vigilan.
Alargados como troneras de torres. Rebordeados con piedras distintas de las que compone las fachadas y que dan la impresión de ser los ojos de un gigante que está apunto de soltar su primera lágrima
Redondos como ojos de buey en un barco de piedra, situados a babor atisbando si en el horizonte aparece un caminante que no sea de fiar.
Perfectamente encasillados en la fachada.
Simétricos y cuidados por la mano que les hizo, enrejados, no se sabe si para no permitir entrar o no dejar salir. Las piedras que lo forman elegidas concienzudamente en algún vertedero o cantera.
Me hace recordar un gitano tras la comisaría de Segovia que tiene cientos de esas piedras colocadas en fila para su elección.

Irregularmente colocados bajo el alero como si alguien, una vez construida la casa hubiera perforado el hueco porque se le olvidó dar luz, poca, y ventilación, menos, al sobrado.
En las miles de formas que te puedes encontrar en nuestro pueblo veras que si te adentras en la casa que los contiene, y eres algo, sólo algo, observador, te darás cuenta que al igual que los perros se tiran un aire con su dueños, o mejor dicho un hombre siempre elige un perro al que parecerse; los ventanucos enseñan sin decoro que sus dueños se parecen en algo a los de sus casas.
El estirado que vemos en primer lugar está en una fachada que te dice que vengas a conocer a los moradores.
Y si aprecias el arte te dará cuenta que algún cantero del siglo XII
decoró la fachada sur de la iglesia con un ventanuco que tamizaría la primera luz del día que entrara en la casa de su dios.

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