Sotosalbos XXIII. El otro Buen Amor


Hablando de buenos amores se me viene a la memoria lo que fue y lo que es El Hostal de Buen Amor.

De ser un referente de Sotosalbos en cuestión de alojamiento con clase, famoso entre los famosos recomendados entre los amantes y familias venidas a bien, publicitado en miles de guías del extranjero como modelo de alojamiento agradable, discreto y acojedor; ha pasado a ser un fantasma de lo que fue.
A la poca atención prestada se une un periodo de crisis en el que pocos son los que por miedo o precaución y las más de las veces el quitarse gastos, dejan las estancias de fin de semana para tiempos mejores.
Es raro ver la plaza, donde está situado el hostal, repleto de coches los fines de semana. Es fácil encontrar sus puertas cerradas y ventanas ciegas de luz.
Ya no es el hostal lo que fue con la propiedad de Victor y anteriormente la sociedad que lo regentó, casi treinta años de historia. Ya los amantes no suelen disfrutar de esas camas que podrían contar mil historias.
Recuerdo hace unos diez años que pasando por delante del hostal me encontré un antiguo amigo de universidad con una joven a la que no asociaba yo con su mujer.
Se puso rojo, me saludó y en un aparte me dijo:
– No me has visto nunca aquí con nadie.
Miré de reojo a su acompañante y le conteste mientras pensaba que tal estaría la señora haciendo numeritos:
– Perdone no le conozco de nada y si lo que me pregunta es donde comer y que, le diré que en Las Casillas y el que no hay qué se muy listo para imaginárselo.
Ahora creo que será más difícil encontrase a alguien que haya comido el qué y el donde.
Pero ahí sigue, plantado, esperando residentes, con su cara mirando a la carretera que le une con la civilización y el Buen Amor. Frente a la casa del médico por si acaso…
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