¡Dios que tiempos! [2]

Los anteriores tebeos eran todos de los que llaman ahora violentos pero que por leerlos no había porqué liarse a ostias con el maestro de turno.

No teníamos video-juegos de esos de tiros o monstruos que matan a la gente a base de bombas y coches asesinos, teníamos los tebeos de anterior entrada y los que se muestran aquí que eran más descafeinados.

Nuestras peleas, como mucho eran a pedradas (vulgo dreas, canteas o pedreas), y salvo algún “escalabrao” pocas veces intervenía ni la guardia civil ni los padres, que no se enteraban.
Al que lloraba después de un “cantazo” se le llamaba llorica, y no volvía a llorar y los cantos eran de verdad, de los duros.
Había una norma a cumplir, si veías que el canto iba derecho a la cabeza de alguien se gritaba: Cuidao, cuidao y sólo había que agacharse.
Los niños de hoy día (algunos) si se pegan lo hacen para hacer daño, si el profe les castiga o reprende por algo, se lo dicen al padre y este que suele ser un energúmeno va y le sacude dos ostias al profe.
Y si a uno le dan un cantazo acabas en el juzgado.
Al final se descubre que ahora solamente hay nenazas (con perdón), o asesinos en potencia, verdaderos delincuentes y eso les pasa porque nunca, nunca les contaron que un Tiovivo o un Jaimito les podía enseñar de la vida mucho más que el pc o el internés.
Que luego les estorba tanto lo negro que no sólo no saben leer, porque no han leído, si no que escriben en plan asesino de la lengua.



Que como dice Balta, nos enseñaron que del TBO al libro solamente hay un paso, muy pequeño y que se te hacían ganas de seguir leyendo y leyendo.
A veces hasta quedar dormido con el libro abierto sobre la cara, hasta que la abuela te lo quitaba y apagaba la luz.
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  1. #1 por Anonymous el 29/09/2009 - 21:05

    Miles de estos tebeos (el Extraordinario Dedicado Al Frio, lo recuerdo perfectamente) leí yo a la sombra, en verano, de la acacia de Las Casetas y a la lumbre, en invierno, de la misma Casa. Los “cambiaba”, fundamentalmente, con Teodoro “Vigi”, jamás averigué como de un día para otro se hacía con decenas de tebeos distintos. Si -a veces- cuando escribo, se me entiende, se lo debo en gran medida a aquella afición que me entretenía embelesado cientos de horas, mientras mi abuela y mis tías cosían esperando a que llegaran del campo mi abuelo y mis tíos. Todo se agolpa, todo pugna por salir y siempre hay algo que se queda para otra sesión o para otra canción… Somos los niños de entonces que nos buscamos entre esos recuerdos para recordar nuestra felicidad.

  2. #2 por Zorro de Segovia el 30/09/2009 - 12:57

    un día “escalabré” a uno de los mayores con el tirachinas, por bestia y por imbécil. Por bestia porque estaba pegando a mi hermano y por imbécil porque cuando le apunté con el tirachinas fue y me dijo “no te atreverás”. No, qué va.

    Eso sí, no salí de casa en dos días, acojonado como estaba de que me atizará el chaval aquél.

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