Las Piñotas

No, no es la de oro, ni la de plata ni la de bronce y menos la de hojalata.

Es la piñota a secas.

Existe un pinar pasado Veganzones camino de Cantalejo y al que solemos ir todos los años por estas fechas a por piñotas.
La maravilla de las maravillas a la hora de encender la lumbre de la chimenea. Esa lumbre que es en invierno lo que en verano el atardecer.
Cogemos dos sacos y en pocos minutos los llenamos con piñotas, porque esas cerdadas contaminantes de las pastillas que huelen a petróleo no son buenas, y menos para el olfato.
Las cargamos en el maletero y de vuelta a casa hacemos una parada en el bar Tejedor de Turégano. Donde ponen de pincho una tortilla de patatas que quita el sentido y un bacalao rebozado que resucita el sentido que pierdes con la tortilla.
Pasas una mañana de domingo que más adelante se convertirá en mañanita de níscalos.
Para esto has de estar listo, en cuanto te descuidas encuentras el pinar trillado como si hubiera pasado el caballo de Atila y toda su corte.
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