PEQUEÑA Y HERMOSA

Es una foto pequeña, con el color amarillento del paso del tiempo fundido a mi memoria; apareces con tus mejillas redondas y tu semblante relajado; con tu jersey de lana adornando tu pecho con dibujos lineales y con tu camisa blanca de cuello alto y blanco; con tus ojos bondadosos concentrando toda la vida que te llegaba y con tu cara esperando ser acariciada dulcemente; con tu mirada confiada y con tu pelo ya no tan rubio-brillante ni tan ensortijado como aparecías en una película de super-8 que te grabaron sentado sobre el prado verde esperanza de Las Cojudas de Las Rozas. Recuerdo que se te veía atareado intentando pasarte un pañuelo por detrás de la cabeza, parecido a cuando los enamorados intentan pasarse por delante el caudal de sus corazones.
Me mandaste la foto a Barcelona (donde hacía la “mili”), con una dedicatoria escrita con tu corazón y con tu letra de niño ingenuo y feliz que proclamaba a los cuatro vientos: “De Justo para mi querido hermano Miguel”. Tenías entonces unos doce años y desde entonces conservo la foto guardada en mi cartera junto a otros pequeños y valiosos tesoros de afecto. Siempre guardo lo pequeño desde que leí en algún lugar que “lo pequeño es hermoso”. Y así sigue uno: coleccionando maravillas humanas como otros coleccionan valiosas rarezas.
Físicamente creciste mucho hacia fuera y afectivamente creciste mucho más hacia dentro mientras tu cuerpo transmitía siempre las emociones que generaba tu alma. Es lo más normal que les puede suceder a las buenas personas: que los sentimientos acaban desbordando el corazón y éstos te rezuman sobre la piel como rezuman los racimos de uva, que están prietos bajo el sol o la lluvia otoñal cadalseña, colándose por entre las aberturas de la cesta de mimbre de nuestra vendimia infantil.
Eres sensible y fascinante, igual que ese paisaje que hace que te detengas impresionado ante su belleza mientras la admiración que te provoca te deja con el amor a la intemperie. Y es que existe un destino de amor en la Naturaleza como también existe otro destino de amor, pasional y triste, en la ruina de vida que llevamos. Sería por eso que, al encontrarme hoy con tu foto, me apeteció que supieras que la guardo entre mis cosas pequeñas y bellas.
Miguel MORENO GONZÁLEZ
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