La piscina

Un buen día, estando sentados en el puente de la granja, vino corriendo Rímun.

– Están haciendo una piscina en los lavaderos.
– ¡Qué listo! ¿Ahora te enteras?. Pero si casi está acabá, ¡muchacho!. ¡Anda que no eres bolo!
Ese verano estrenábamos piscina. Toda de piedra de granito, las paredes, los rebosaderos y hasta el sitio para tomar el sol, la valla de contención y una especie de contrafuertes que habían colocado sujetando el muro. Elementos maravillosos para colarse si El Vigi no te veía. La única precaución era entrar solamente con el bañador escalando la rampa.
El primer día fuimos toda la panda de alrededor de las casetas. Todos con bañador excepto Rímun que no tenía y al que aconsejó mi hermano Carlos que se pillara unos calzoncillos limpios, los diera la vuelta y así no se sabría que eran.
Ninguno, creo sabía nadar. Por aquellos tiempos los largos más largos los habíamos hecho en un barreño de zinc que colocaban al sol en un lateral de la granja. Y todo porque a la bañera del único cuarto de baño, que estaba arriba, le llegaba el agua sólo de noche y a esas horas las duchas se reservaban para los jefes de la tribu. Los demás de la banasta o estabamos en la carretera jugando o haciendo perrerías por el vecindario hasta que oíamos silbar a mi padre para anunciar la cama.
Allá nos fuimos, a la piscina que la verdad es que no se si tuvo inauguración oficial o simplemente Faltriqueras había anunciado a golpe de trompeta que se abría.
Adosada a la pared una caseta anunciaba la taquilla, te cortaban la entrada y te dirigías a los vestuarios, ala derecha los hombres, ala izquierda las mujeres. Te daban la percha tras pasar una pared curva de ladrillos de cristal que ahora los finos llaman pavés.
Las cabinas del vestuario por no tener no tenían ni un clavo para colgar la ropa, afortunadamente el día del estreno estaba al principio de la sesión seco y límpio, a la hora de vestirse y regresar era otra cosa, todo empapado, así que lo mejor estando fresquito, era bajarse con el bañador puesto por la carretera, andando o en la bici que era como subíamos todos.
La piscina tenía un bar, por supuesto para los mayores, éramos críos y como tales no teníamos derechos. Debía ser allá por el 60, contaba yo pues 12 o 13 años. Se me aproxima la fecha porque ese año estrené una BH verde de mayores por haber aprobado cuarto y reválida a la primera y con nota, debía tener los trece.
Nos bañábamos en “lo bajo” aunque el más osado se subía aun trampolín hecho de hierro y dos tablones se tiraba al agua cerca del borde [“pa haberse matáo”] y rápidamente se agarraba a la piedra del borde o a la escalerilla verde.
Por el mismo precio de la entrada podías ir mañana y tarde, bajabas a comer, te hacían reposar dos horas, por lo del corte de digestión [que en tiempos del abuelo era obligatorio], y salías danzando a la piscina.
El consejo de la abuela era siempre el mismo:
– No estéis mucho tiempo en el agua, que el agua adelgaza mucho. [Este también era un consejo franquista, aunque se anteponía el pajearse en el asunto del adelgazar. Y claro la secada de la médula de los huesos y el caerse las uñas].
Bajábamos de la piscina cuando nos echaba El Vigi con su celta corto en la comisura de los labios y su gorra de plato ladeada como los paracas.
Ese verano fue la gloria, por la piscina y por ver a las chicas en bañador imaginándote las mil y una cosa que tapaba ese vestidito. Los bultos que aparecían en los pechos no sabíamos a ciencia cierta que eran, pero sucedía cuando salían del agua que estaba fría como un témpano.
No he conseguido ninguna foto de la época a excepción de una que me ha mandado Miguel
De derecha a izquierda: Miguel; su hermano Nati; su prima Luisa; su hermano Justo y su primo Juan Carlos, dice que es del año 1969 más o menos.
Más tarde Cañardo en la Alegría de la Huerta hizo una más pequeña y recogida para clientes del hostal.
Cuatro o cinco años más tarde en la urbanización Entrepinos hicieron otra semi-olímpica, ¡25 metros de largo!. En aquella ya se estilaba el bikini. Eran madrileños de veraneo.
Hace tiempo, en Google encontré una foto aérea de la piscina de Cadalso, ya reformada, en la que estaba aparcado a la puerta el tractor amarillo y rojo de los montones.
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  1. #1 por Anonymous el 16/12/2009 - 20:48

    Eso de los calzoncillos vueltos era muy socorrido. Éramos muchos los que usábamos de aquel ardid de forma alegre y despreocupada… Y no era por llamar la atención, que va… No era por eso, no.

  2. #2 por ludy11 el 04/02/2010 - 23:54

    Que maravillosa historia, ya me estoy imaginando a todos con el bañador y sin saber ni que hacer.

    Menudas tardes de verano nos hemos pasado todos ahí, verdad? y que calor cuando subiamos despues de comer, que mi madre siempre me decia “te va a dar una insolacion, no te subas a las 4 de la tarde” me hace gracias, porque lo mismo le dice ahora a mi sobrina jajaja aissss estas madres.

    Ludy (la hija de Cany)

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