La soledad del Freelance

Se denomina trabajador freelance o freelancer (o trabajador autónomo, cuentapropia e independiente) a la persona cuya actividad consiste en realizar trabajos propios de su ocupación, oficio o profesión, de forma autónoma, para terceros que requieren sus servicios para tareas determinadas, que generalmente le abonan su retribución no en función del tiempo empleado sino del resultado obtenido, sin que las dos partes contraigan obligación de continuar la relación más allá del encargo realizado.

La etimología de la palabra deriva del término medieval inglés usado para un mercenario (free-independiente o lance-lanza), es decir, un caballero que no servía a ningún señor en concreto y cuyos servicios podían ser alquilados por cualquiera.

El término fue acuñado inicialmente por Sir Walter Scott (1771-1832) en su reconocido romance histórico Ivanhoe para describir a un “guerrero medieval mercenario”. La frase en inglés luego hizo la transición a un sustantivo figurativo alrededor de 1860 y fue luego reconocido como un verbo oficialmente en 1903 por varias autoridades en lingüística tales como el Diccionario Oxford de Inglés. Solamente en tiempos modernos ha mutado el término de un sustantivo (un freelance o un freelancer) y un adverbio (un periodista que trabaja freelance).
Esta palabra es empleada como anglicismo en castellano como dos palabras separadas “free lance” (del inglés) o autónomo pero no tiene aplicación como verbo.


Pues bien, el que aquí escribe es Freelance, después de más de veinte años como empleado, empresario y socio en agencias de publicidad y por avatares de la vida, se convirtió en freelance, mercenario, o autónomo.
Soy mi jefe y mi empleado, no tengo horario de trabajo. Un día puedo estar cinco minutos trabajando en mi profesión como puedo llegar a batir record y estar ante el Mac 20 horas.
Algún día te llama un amigo o un proveedor y te dice si nos vamos a comer a Salamanca, a por melones a Villaconejos, a por aceitunas a Campo Real o a ver un trabajo a la imprenta que te mantiene ante una máquina varias horas.
Pero la mayoría de las veces te sientas a la mesa de trabajo, miras a la pantalla y te preguntas que coño haces aquí. Solo y sin alguien que te llegue por detrás y te pregunte… ¿Qué es eso?.
Me levanto de la silla, me meso los cabellos, me acerco a una ventana y miro a la calle desde mi altura, física, y me digo: date una vuelta y si me autorizo a hacerlo, me cambio, salgo y dirijo mis pasos, normalmente a El Retiro.
Y sigues encontrándote solo, como muchos otros que pasean por el mismo lugar, te sientas, miras alrededor y te das la vuelta a casa.
Aun en esos lugares, sigues siendo un Freelance, mercenario o autónomo.
Llegas a casa y lo primero que ves es la luz verde del teléfono parpadeando porque ha habido una llamada de alguien que quiere algo que como casi siempre es ¡¡URGENTE!!.
Pasas 8 o 9 horas esperando que llegue alguien a casa y cuando lo hacen, tu sigues con la misma historia, delante del Mac, trabajando, navegando o con la vista perdida en una carpeta que pone “pendiente” y que no te atreves a clickar.
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  1. #1 por Zorro de Segovia el 24/12/2009 - 0:02

    estoy leyendo Ivanhoe en inglés en estos días (empecé hace un mes y es un coñazo pero lo terminaré por mis … ). Aún no he llegado a la palabreja. Ya te contaré.

  2. #2 por tony monton el 24/12/2009 - 11:15

    Ivanhoe, peli de hace mil años de los hermanos Taylor,
    Robert y Elisabeth (esto es cañondeo).
    Proyectada otras mil veces en el Salón del Condestable de cadalso cuando uno era un niño. De cuando uno aprendía algo de historia por el cine.
    Ya me dirás.

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