Lo prometido

Antes de dar la vuelta al pueblo salí al patio a por más leña e hice estas dos fotos.
La primera de nuestro rincón favorito en verano, la segunda una lavanda coronada de blanco que parece una seta inmaculada.

Jugándose uno una pierna porque el suelo después de pasar la pala el tractor ha quedado como una pista de patinaje decido ir por donde no han quitado la nieve.
En la plaza de las Eras me encuentro con Pedro padre y Máxima. Charlamos un rato, nos deseamos feliz año y continúo el camino. Nadie más por las calles, puertas cerradas, chapas de zinc o madera protegiéndolas, dos o tres coches medio tapados de nieve y poco más.


Llego a la plaza, no ha pisado nadie el blanco suelo y me encamino hacia la iglesia, mi iglesia. Digo mía porque hace ya más de veinte años cuando la visité por primera vez me enamoré de ella.
No hay día que venga al pueblo que no baje a saludarla y decirle en voz baja que he ido a verla. Más de una de esas veces me he encontrado hablando con ella interrogándola sobre su historia. La gente de este pueblo la ama en silencio, están tan orgullosos de ella que siempre que pueden la meten en sus conversaciones aunque no venga a cuento.
La entrada desde el cementerio.
Parte del átrio.
La torre desde la plaza.

Las colgaduras de hielo que engalanan la taberna de Fredi.
Estas son las únicas huellas en la plaza, son mías, nadie en este solitario pueblo hoy ha dejado parte de su presencia.
La entrada a un huerto que en verano se cubre de verduras y hoy está descansando la tierra.

Al regresar a casa me encuentro dos grupos de jóvenes, uno es un Acebo que pelea por resistir el invierno, es joven, tal vez demasiado para aguantar estos fríos pero como es su ambiente lo hace como si fuera adulto. Me dan hasta ganas de abrigarlo. Pero no, así se hará un hombre.
Otro grupo es el formado por mis vecinos preferidos. Hoy han vuelto a salir con sus esquís, seguro que con la misma frase de ayer.
– Papá, mamá nos ha dado permiso para esquiar.
Me interrogan para saber si la calle Real se encuentra en las mismas condiciones impracticables para el esquí como lo está la del Castillo después de pasar la pala del tractor. Les contesto que si y que lo mejor que pueden hacer es bajar al parque o en las Eras.
El pequeño me dice:
– Antonio, es que no sé porque hacen esto con la nieve. Nos hacen muy difícil el poder esquiar.
Vuelvo a casa después de hacerles unas fotos y decido descapotar el coche de nieve e irme a por el pan a Collado, hecho un poco de anticongelante al parabrisas para quitar el hielo, llegan los esquiadores y vuelta a preguntar el pequeño.
– Antonio ¿por que la nieve de tu coche es azul?
– Porque el cielo es azul y ha caído teñida de su color.
– ¡Si, hombre! me quieres tomar el pelo.

Ya ni los niños pequeños creen en cuentos de hadas.

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  1. #1 por Anonymous el 08/01/2010 - 18:10

    Es como una poesía blanca que brota arborescente de la Naturaleza.
    Saludos.

  2. #2 por Zorro de Segovia el 08/01/2010 - 22:35

    me hago una idea de cómo estará Collado hoy. Este finde me quedo a ver el centro de Madrid, por fin libre de cuernos de reno.

  3. #3 por tony monton el 09/01/2010 - 10:49

    ¿te imaginas? Se cruza la canadiense del camino al monasterio, llegas a la puerta de Patrimonio y ¡hale! a disfrutar

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