El tiempo en que los dioses se hartaron.

Crono, dios de la cosecha, supervisor de cultivos, de la naturaleza, la agricultura y la progresión del tiempo en relación con los humanos en general y Gea diosa de la tierra fueron los padres de Zeus.

Este último, a pesar de que era el único dios reconocido como Dios, de los de verdad, nada de títulos porque si, que debería haber sido un dios bueno, tenía un mala leche que no se podía aguantar y las armaba pardas.
Según Homero, se consideraba a Zeus padre de los dioses y de los mortales. No fue el creador de los dioses y de los hombres; era su padre, en el sentido de protector y soberano tanto de la familia olímpica como de la raza humana. Señor del cielo, dios de la lluvia y acumulador de nubes blandía el terrible rayo. Su arma principal era la égida, su ave, el águila, su árbol, el roble. Zeus presidía a los dioses en el monte Olimpo, en Tesalia.
Y este chaval, el tal Homero, aunque era un poco fantasioso de esto sabía un rato. Era algo así como el Cebrián de los griegos (perdón por la comparación, es que no encuentro otro más influyente en los últimos años).

Bueno.
Pues Zeus llegó un día y se le hincharon las bolas, pillo con su mano derecha el rayo y dirigiéndose a los putos mortales, que somos nosotros y que nos creíamos casi dioses de todo-¡Ay!, ignorantes- les soltó:
– ¡Capullos!- esto dicho con esa mala leche que se le veía en la cara Estoy hasta la punta del rayo de que me andéis jodiendo el clima, el mundo y dentro de nada el Olimpo. Y os voy a dar con él en todos los morros para escarmiento de las generaciones futuras. Y no os pillo de los testículos y os arrastro por el suelo porque necesito quien me rece y haga chalecitos con forma de templo.

Y con todo el cabreo encima se puso manos a la obra, apagó la calefacción del cielo, envío su aliento gélido sobre nosotros y nos envió estas olas de frío, que los meteorólogos dicen que son causadas por borrascas, pero que lo cierto es que las causa nuestro hacedor supremo Zeus.
Y Él en su infinita guasonería se sienta en el trono y se escojona viéndonos patinar con el coche, sobre el hielo de las aceras, sacando agua de garajes y bajos, ver como el agua, su agua, se lleva los artilugios que ruedan calle abajo hasta el mar, tiritar de frío y llamando a la Campsa que nos traiga el gasoleo porque se nos ha acabado, jurando en hebreo por el tiempo que hace, sin recordar que el verano nos quejábamos de lo contrario.
Y es que no tenemos solución. Porque ademas no nos damos cuenta que para cuidar y amar nuestro planeta lo primero que necesitamos es conocerlo y sobre él ¡¡No tenemos ni puta idea!!

Y así nos va.

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  1. #1 por Anonymous el 09/01/2010 - 15:32

    ¡Palabra de Zeus!
    Miguel

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