Judios en Cadahalso

El Santo Oficio se enriqueció a costa de los desgraciados, determinados señores tampoco se quedaron atrás. Como muestra, el III Duque del Infantado usurpó los bienes raíces de los judíos expulsados en sus dominios. De este modo, en 1501 se procedió a inventariar mediante pesquisas lo abandonado por los expulsos en San Martín de Valdeiglesias y Buitrago.
Todavía en 1518, en vísperas de las Comunidades, el joven monarca Carlos I confirmó al noble la merced otorgada por Fernando el Católico al titular de la Casa para tomar la tercera parte de lo confiscado por la Inquisición en el Arzobispado de Toledo y el Obispado de Sigüenza; luego el Rey le otorgó además el tercio que correspondía a la Real Cámara procedente de lo incautado a los herejes en sus Estados. Corrían tiempos tumultuosos y había que conservar apoyos o pagar fidelidades.
A río revuelto, ganancia de pescadores, si bien a algunos les salió el tiro por la culata. Paradoja de lo dicho es lo acontecido poco después de la expulsión en Cadalso de los Vidrios. Se había previsto que quienes se bautizasen y volviesen a Sefarad recuperarían los bienes perdidos. Pues bien, en virtud de esta ley, los Reyes obligaron a las autoridades de Cadalso de los Vidrios a ordenar al vidriero Alonso Gómez que pagara a Hernán Gómez (judío de San Martín de Valdeiglesias) el justo precio por un colmenar y sus utensilios, o bien devolviese todo a su antiguo dueño sin merma alguna.
Edicto de expulsion de los judíos dictado en La Alhambra a 31 de marzo de 1492.
En la misma Villa de Madrid, poco después de la expulsión, los regidores aceptaron pagar los honorarios a los médicos y cirujanos judíos retornados que habían renegado de su fe:
“pues todos eran buenos físicos y no se debe dar lugar a que se vayan, pues toda la villa por sus petiçiones lo an pedido”.
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: