1.7 No todo van a ser pegas.

Segunda parte

Respeto al medio ambiente
El proceso de obtención de la energía eólica ha de ser coherente con el respeto medioambiental que predican sus promotores y está sujeto a una normativa específica. Antes de proyectar un parque eólico, por ejemplo, es obligatoria la realización de un estudio de impacto ambiental que determinará su viabilidad; una instalación rentable puede perfectamente desestimarse por los efectos negativos que ocasiona al entorno. El estudio analiza el emplazamiento elegido, el tamaño de la instalación y la distancia entre el parque eólico y áreas sensibles, como asentamientos humanos y espacios naturales protegidos. Si no se cumplen los requisitos, se deben detener las obras hasta ajustarlas a la normativa. Asimismo, al finalizar la instalación y durante la explotación se deben presentar informes medioambientales periódicos.
Y cuando termina la vida útil de los aerogeneradores (se estima en unos 25-30 años), y en caso de que no continúe la actividad productiva, se deben retirar los molinos y revegetarse el hueco que dejaron, en el que quedarán enterrados las zapatas y los cables.
El debate sobre la energía del viento
La proliferación de parques eólicos está provocando reacciones sociales muy encontradas. Y, como casi siempre ocurre, muchas de ellas están justificadas. Comenzando por lo quizá más anecdótico, el viento es un buen transmisor del ruido y en algunas poblaciones cercanas a los parques eólicos se han recogido quejas por el aumento de la contaminación acústica, aunque hay quien señala que el ruido procede más del propio viento que de los molinos. Lo innegable es que la instalación de un parque de estos molinos produce impactos ecológicos y paisajísticos en el terreno en que se asienta. Se requiere, y normalmente ocurre en espacios aislados y de gran valor ecológico, el movimiento de tierras y la construcción de carreteras y pistas de acceso al parque eólico, cuando antes sólo había sendas naturales y de nulo impacto medioambiental.
La normativa establece que las zonas excavadas durante la obra han de cubrirse con tierra vegetal. Y que al finalizar la instalación de los molinos se ha de iniciar el plan de revegetación y recuperación de suelos, con la siembra de especies autóctonas de crecimiento rápido. Hoy, los aerogeneradores se construyen de un tamaño lo más reducido posible y se pintan con colores que perturben menos el paisaje, aunque su presencia en modo alguno pasa desapercibida. Pero lo que más preocupa a ecologistas y defensores de la naturaleza es la negativa repercusión de estos molinos de viento en las aves. En el estudio previo a la instalación de un parque eólico, se ha de reflejar la presencia y el paso de aves, acompañado por un inventario de especies. La muerte de las aves se produce cuando chocan contra las aspas del molino y por electrocución con las líneas de alta tensión.
Situación de las líneas de aerogeneradores de fuente que quiere mantenerse anónima y como corrección a la publicada en entrada anterior.
En defensa de los molinos de viento, cabe señalar que, según algunas opiniones, las aves (incluso las especies migratorias) se acostumbran a la existencia de las palas y las evitan en su trayectoria, como hacen con los árboles y otros obstáculos naturales. Con las líneas de alta tensión el problema es más complicado, ya que las aves chocan contra los cables porque no los ven en pleno vuelo, lo que se intenta evitar con elementos que destaquen las líneas, como cintas, balones o espirales. La colocación de estos cables de alta tensión también ha de estudiarse: irán en paralelo con las líneas de aerogeneradores haciendo corredores por donde puedan pasar las aves. Y en caso necesario, se puede obligar a los promotores del parque eólico a enterrar los cables.
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