San Justo, Segovia. Las pinturas.

La parte central del ábside, lo que se llama la cuenca abisal, la mas restaurada, está ocupada por una representación del Pantocrator (Cristo en Majestad) circundado por una doble mandorla (o almendra). En el interior de la segunda mandorla, más ancha que la primera, se disponen los Veinticuatro Ancianos del Apocalipsis, tocados con coronas o bonetes y llevando en sus manos redomas o instrumentos musicales. Ya en su día, el Marqués de Lozoya llamó la atención sobre la forma en que aparecen estos Ancianos, que se cree simbolizan los veinticuatro libros del Antiguo Testamento (entiendo, más bien que son doce doctores del Antiguo Testamento y doce del Nuevo), colocados por parejas alrededor del Trono “disposición de la cual no conozco precedentes pictóricos ni escultóricos” y que bien pudiera ser de influencia francesa.
La representación del Pantocrator sigue el mismo modelo iconográfico. Cristo bendice con la mano derecha, teniendo cerrado el libro de la Vida en su izquierda. Su amplia vestimenta acentuada en rojo, destaca la impresión de majestad. Ocupando los cuatro ángulos el Tetramorfos (los cuatro evangelistas con sus símbolos: hombre, águila, león y toro).
La bóveda del presbiterio aparece ocupada en el lugar central por la representación del Agnus Dei o Cordero Místico, dentro de un círculo de fondo azul (clípeo) enmarcado con una banda de motivos geométricos en forma de dientes de sierra y sujetado por ángeles. Entiendo que su colocación en una superficie plana y rectangular es totalmente conforme con la dimensión cósmica del mensaje divino que irradia a todo el orbe conocido.
A ambos lados se ven dos escenas de difícil interpretación. La de la vertiente norte de la bóveda se identifica últimamente con el Milagro de la Misa de San Gil, relatado en el Codex Calixtinus (los pecados de Carlomagno escritos en un papel depositado bajo el cáliz resultan “blanqueados” durante la celebración de la Misa).
La otra escena, la del lado de la Epístola es todavía de más difícil interpretación. No creo que se refiera a la vida y suplicio de los santos Niños Justo y Pastor, sino más bien a la difusión del mensaje evangélico por los Apóstoles, figurando, junto a Cristo, Santiago que lleva la concha de peregrino y la palma de su martirio.
Todas estas son especulaciones, pero lo cierto es que estas representaciones no son casuales sino que responden a una tradición iconográfica que se difunde por Europa hasta finales del siglo XIII, basada, según algunos, en la interpretación que del texto del Apocalipsis da Anselmo de Laon y que alcanza una gran expansión debido a los múltiples concilios del pontificado de Inocencio II para combatir la herejía de Anacleto.
Hay más pinturas en la iglesia, quizás de varias manos, realizadas en momentos diversos y bajo distintas influencias. Así, las del arco triunfal referentes al Génesis, aves, peces, elefante, Adán y Eva con la serpiente, Caín y Abel, perro y lobo, parecen de factura mas tosca y primitiva que las de los tramos rectos del presbiterio que incluyen escenas de la Pasión como la Sagrada Cena y el dinámico Prendimiento, donde el anónimo artista se permite alguna licencia artística, como la figura de Malco, de tamaño menor a las restantes, que se escapa fuera del cuadro y al que agarra Pedro como si fuera a caer. En estas escenas se notan otras influencias como las de las miniaturas del Beato de Ávila, bien vistas por Matilde Azcárate.
Texto de Manuel Blas
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