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Años sesenta dulces, muy dulces.
Ibamos camino del colegio y dando un pequeño rodeo nos plantábamos ante Carmen, la pipera de la calle San Quinín esquina a los jardines del Cabo Noval.
Carmen, mujer encantadora donde las hubiere te miraba con cara enternecedora y la decía.
– ¿Dos reales de Sacis?
– Si Carmen, pero bien despachados.
Siempre te daba alguno más de los reglamentarios.

Del Cola Cao es imposible decir algo que no se haya dicho.
¡Aquellas meriendas!


Estas eran las galletas que te sacaba tía María en su casa de Alonso Cano 11, cuando ibas de visita con la abuela.
Recuerdo que tío Antonio, siempre sentado en su sofá te miraba a los ojos y decía:
“Acabad rápido con ellas antes de que la tía se lleve la caja. Sin vergüenza.”
Y la tía respondía: ¡Pero sin llenarme el piso de migas!

Luego salíamos al balcón a ver entrar y salir la gente del mercado, y echábamos apuestas averiguando cuantas bolsas sacaría de la mano la siguiente señora que saliera.
O esto otro, con un buen pedazo de pan.
O estas con el Cola Cao

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