ÚLTIMO PASEO TRISTE

Antes de emprender mi último paseo es mi deseo que si alguna parte de mi cuerpo puede aliviar a alguien que lo necesite que se aproveche en buena hora, porque será como cultivar sobre un huerto vivo mi definitivo recuerdo a la sombra de lo que ya no seré.
Anhelo descansar en Cadalso, rodeado de ese embriagador aroma infantil que se me hizo inolvidable durante toda mi vida y me descubrió que las cosas que no cuestan nada son las de mayor belleza. De él salí emocionado y a él ansié volver, aunque fuera derrotado como hoy, para unirme definitivamente mediante los vínculos del amor indeleble y la amistad eterna que ya ni la muerte será capaz de separar.
La amistad es el amor, pero sin sus alas, dijo un romántico. Sin embargo, todo en mí fue imperfecto y a mi amor también le faltaron las alas, quise mucho más de lo que supe expresar y demostrar. En compensación creo que a quienes quise lo supieron por el encanto de nuestros reencuentros, yo por mi parte creí saber quienes me quisieron por sus miradas emocionadas. Pero estoy seguro que sin saberlo -ni vosotros ni yo- fuimos muchos más en nuestro amor. Y ese amor desconocido siempre me pareció el más hermoso de todos los amores, aquél que se da libre y sin esperar nada a cambio, aquél que se entrega por el simple placer de querer, aquél que se ofrece con el secreto convencimiento de que será inmortal mientras dure. Ese amor siempre me sugirió una declaración desgarrada que se correspondiera con su hermosura.
Confío que al menos en mi entierro todo sea humilde como me hubiera gustado haber sido en vida. Que nadie trafique con los sentimientos de lo que hoy no soy. No lo permitáis. En puridad la muerte es un asunto de los que se quedan, no de los que se van.
Mi cortejo se encaminará por la calle que, en la más pobre de sus casas y en noche otoñal de mucha agua, me vio nacer, es decir San Antón hacia arriba hasta el final para tomar allí la última calle a la izquierda que conduce al cementerio y al olvido.
Durante el trayecto no quiero que me acompañe ningún signo ni acto religioso, ni que me lleven a la iglesia, ni que toquen las campanas y ni tan siquiera que coloquen sobre mí crucifijos; él, como otros muchos hombres buenos, murió, dejémosle tranquilo de una vez. No busco dañar la sensibilidad de nadie, sólo aspiro a que respeten la mía. Es que simplemente pienso que mi pequeña y poco cultivada mente nunca fue capaz de creer en lo que no sentía y eso que hice en su momento esfuerzos por intentar comprenderlo, pero nada, a la larga todo resultó infructuoso. Yo lo achaqué a que aquello que no me atrapaba con la magia del entusiasmo acababa dejándome insensible, no sé si sería eso, en todo caso poco importa ahora. Hubo tantas cosas incomprensibles en mi vida…
No quiero flores, ellas se mueren enseguida si se las arranca de la tierra y me parece un sacrificio innecesario, dejémoslas en paz. Tampoco deseo que mi cuerpo vaya en coche, estimo como más cómodos para mi inaplazable viaje los cariñosos hombros de quien me quiso. Y mucho menos quiero velas con pabilos que el viento inmisericorde decapite. En cambio agradeceré que me acompañe la Banda de Música de Cadalso, una vieja aspiración de mi padre no cumplida y que desde su muerte me acompaña a mí, espero que me lleven con armonía a los sones evocadores del pasodoble “Suspiros de España”, de las emotivas piezas populares cadalseñas y del conmovedor adagio de Benedetto Marcello. La música me ayudó a vivir, justo es que esté conmigo al partir. Pido entereza a todos los que me acompañen en ese postrer paseo, si alguien llora que lo haga dignamente en silencio y bebiéndose las amargas lágrimas hacia adentro.
Junto a lo que quede de mí que depositen El Quijote en un rincón resguardado de la humedad para que no se estropee envuelto en mi camisa blanquiazul de la Peña Muñana y como epitafio que coloquen: “La vida es la capacidad que tiene cada cual de generar un afecto, fuera de ello está el vacío”. Antes de marcharse mis acompañantes, que alguien lea cariñosamente este escrito como si todos estuviéramos en una entrañable reunión de madrugada tomando unas cervezas frías. Luego que me dejen tranquilo que estará bien así. De recordarme que lo hagan en el cambio de estaciones pero con alegría, es más bonito y reconfortante. Una vez más se habrá cumplido inexorable el ciclo de la vida y ese puñado de días repetidos y sucesivos que creí la componían, ya no los disfrutará más mi melancólico espíritu, pero sí seguirán alegrando a mis gentes y a mi pueblo que es lo que me importa. Todo esto es tan triste que no merece la pena alargarlo. Gracias por vuestra compañía desde este corazón roto al que se le olvidó seguir latiendo.
Miguel MORENO GONZÁLEZ
Anuncios
  1. #1 por tony monton el 14/04/2010 - 8:00

    Me dejas chungo Miguel.
    No me quedan ganas ni de ponerle tres fotos que lo alegren, se me hace difícil.

    Dos abrazos

  2. #2 por Carlos A. González el 14/04/2010 - 12:30

    No te preocupes Toni… que Miguel se recompone enseguida …
    un abrazo para los dos..(el escritor y el editor)

A %d blogueros les gusta esto: