“RICARDO ARRUZA, ES DE CADALSO Y VIENE ARROLLANDO” (ARRUZA I)

Ricardo Arruza nació en Cadalso de los Vidrios (Madrid) al mismo tiempo que nacían sus deseos de ser torero. Su padre tenía un bar donde paraban los toreros que iban a tentar a la ganadería local de Ricardo Sáez.
Él con sus pantaloncitos cortos se quedaba absorto mirando a Paquito Muñoz, Juan Posada, Andrés Hernando… y cuando quedaba a solas con su padre se iban al corral de la casa a emular a aquellos toreros. Ahora desgraciadamente los niños ya no juegan al toro, ¿a qué juegan ahora los niños? Por aquel entonces en Cadalso, como por otra parte en todo el país, no se ataban los perros con longaniza y a Ricardito todo aquello le pasaba desapercibido enfrascado como estaba en su ilusión de ser torero.
Su juventud coincidió con el desarrollismo de los años 60, aquellos años del “Seat 600”, “El Cordobés”, “El Dúo Dinámico”, “Los Maletillas”, y el alborear de un maestro en el arte de lidiar toros, algo bohemio y loco como él, de nombre Antonio Chenel Albadalejo y por apodo “Antoñete”. Aquellos años nos hicieron estragos en lo más íntimo de nuestra incipiente formación humana y ya nunca pudimos recuperarnos.
Ricardo comenzó como un maletilla más y en unión de su paisano y amigo Zoilo, recorrían las ganaderías locales de “Parache”, “Abad” y las de la Zona Centro, arriesgándose libremente y a expensas de recibir alguna que otra paliza. Una noche su ilusión llegó lejos y se atrevieron a torear al “toro padre” de Santiago Abad, teniendo como testigos “Praocerrao” y el cielo estrellado cadalseño… Y le pudo, ¡claro que le pudo!, le dio todos los pases que quiso a aquel descendiente de la legendaria ganadería colmenareña de Vicente Martínez, estirpe Parladé y de raíz Vistahermosa, los viejos aficionados recordarán al toro “Diano” de esta ganadería que inmortalizara en un libro delicioso D. Luis Fernández Salcedo.
Pero esto no lo sabía Ricardo, él sólo tenía metido en la cabeza el ser torero de los mejores y por eso no le importaba el viajar engañado en un camión con cerdos en busca de un tentadero que nunca existió, o hacer tapia en las ganaderías de Salamanca esperando recoger las migajas que le dejara algún torero, o el hambre y el frío, que antes hacía mucha más hambre y frío que ahora. Arruza terminaba siempre convenciendo con su bondad a las telefonistas de los pueblos salmantinos para que le comunicaran, cuando se enteraran, dónde era el próximo y auténtico tentadero.
Cadalso se le quedó pequeño y marchó a Madrid con una maleta de cartón piedra y mucha ilusión por todo capital. Comenzó a trabajar en un bar por entonces muy taurino y que aún existe, Bar Barahona, cerca de Manuel Becerra. Allí con los profesionales que pululaban tenía ocasión de que le ofrecieran algo. Un día su jefe le mandó a comprar una botella de ácido, por el camino se encontró con el matador segoviano Andrés Hernando y otros toreros que le dijeron que iban a tentar a algunas ganaderías. Sin pensárselo dos veces dejó la botella en un portal vecino y se fué con ellos. Volvió seis días después al bar con la botella pero el dueño le dijo que ya era un poco tarde, siempre acababa siendo tarde para Ricardo sin que él supiera muy bien por qué… Pasó a otro bar en Conde de Casal y más tarde al bar de la Facultad de Filosofía y Letras.
Después marchó a Barcelona con el mismo capital que llevó a Madrid, allí vivió con un tío suyo que alentaba sus sueños. Una tarde se armó de valor y dirigió sus pasos a la Monumental de Barcelona, en el cartel: Diamante Negro, Mario Cabré y José Mª Martorell, por su cabeza rondaba la idea resuelta de tirarse de espontáneo. Vio lidiar los cuatro primeros toros y en el quinto saltó con unos pantalones bombachos que había comprado en Las Ramblas para que al toro le resultara más difícil herirle… No recuerda más que los resoplidos del toro y la arena que desplazaban sus pezuñas clavándosele en la cara y el pelo. Le retiró la policía, él ya llevaba preparadas las 500 pts. de multa, en comisaría le dijeron que ese gran artista solidario y polifacético que toreaba aquella tarde, Mario Cabré, ya la había pagado…
Debutó de luces en Trufios (Vizcaya) en el año 1964, llegó a torear en total unos 70 espectáculos, de los cuales recuerda con precisión lugares y fechas. Una vez le pregunté si todo aquello lo hacía por dinero, totalmente convencido respondió: “Por encima de todo lo que yo quería era ser un gran torero. Una de las pocas tardes de triunfo que tuve corté dos orejas en Getafe y salí en hombros, aquel día no me hubiera cambiado por nadie de este mundo”.
En Cadalso se colocaron unos carteles con su fotografía y la inscripción: “Ricardo Arruza. Es de Cadalso y viene arrollando”. Lo tengo muy grabado en mi memoria, sin embargo no llegó nunca a debutar en su pueblo, los politiqueos de entonces se lo impidieron y eso que en alguna ocasión colaboró con el matador retirado Bienvenido Luján en la organización de algún festival para recaudar fondos que ayudasen a reformar la iglesia.
Viendo que no podía abrirse camino lo dejó todo en el año 1972, se fué como llegó: ligero de equipaje; guarda en su cuerpo tres cornadas que son tres medallas, una de ellas muy grave que recibió en Villaviciosa de Odón (Madrid), con tan mala fortuna que al caer también se fracturó la clavícula, le trasladaron en un Land Rover (antes no había ambulancias en las plazas) al Sanatorio de Toreros, allí se encontró con el matador Agapito García “Serranito”, convaleciente de una cornada que le propinó en la pierna un toro en Benidorm y que le obligó a dejar el toreo cuando comenzaba a saborear la gloria.
Ricardo Arruza no pudo cumplir su ilusión de tomar la alternativa, debutar en su pueblo y muchas otras cosas más que no todo el mundo sabría comprender porque no todo el mundo sabe soñar. Se casó con Montse en 1975, reformó su casa de la calle Real en la que su padre le enseñaba a torear, guardó en ella sus recuerdos taurinos que muestra a sus amigos cuando los lleva para hablar de toros mientras en el salón, con un mantel, da pases a un toro hermoso e imaginario, explicando dónde se debe citar, dónde embarcar y templar para después poder rematar adecuadamente con ese toque de muñeca que deje el toro preparado para ligar el siguiente pase: “¡Que ya no se torea con arreglo a los cánones ni de salón!”, sentencia entre eufórico y decepcionado.
Ahora, cuando parece que ya no vivimos con los pies en el suelo, mando mi recuerdo emocionado y mi admiración a todos los toreros que como Ricardo se quedaron en el camino, acaso por cometer el hermoso pecado de soñar en un tiempo en que casi todo invitaba a la pesadilla.
* Fotos: de donde he podido, que este jodío Miguel cada vez lo pone más difícil. Gracias
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  1. #1 por Miguel Moreno González el 26/04/2010 - 19:18

    ¡Qué leches dificil! Si con cada articulín lo bordas, ¡jodío!
    No se te olvide “colgar” el ARRUZA II que iba en el mismo correo con su foto -¿la recibiste?-, o es que sólo quieres poner más emoción al tema…

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