La Plaza de Oriente y Regina

Era aquella de nuestras correría de púberes, cuando nos empezaban a picar las ingles y el bigote.
Una vez acabados los deberes bajábamos a la plaza a reunirnos con los compañeros del cole y los vecinos de las calles hiciera frío o calor. Se nos hacían las horas sin recordar que la cena estaba casi lista.
No hacíamos botellón ni fumábamos canutos, llamábamos de tú al guarda del parque y teníamos a la pipera – de la que ya he hablado- en la esquina de San Quintín con Arrieta
Con cualquier tiempo nos veía pasar, era nuestro paso obligado cuatro veces al día para ir al Fray Luís de León, era nuestro redil obligado para ligar, poco, y jugar al taco, a pídola o al rescate y al escondite, mucho. O vacilar lo más posible con la chicas del barrio.


Pero nuestro recinto preferido era El Cabo Noval.

Luis Noval Ferrao fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando por su defensa de la posición del Zoco el Had de Beni Sicar, en la que sacrificó su vida en beneficio de la de sus compañeros, el 28 de septiembre de 1909, durante las Campañas de Marruecos.


Jardines aledaños a la plaza de Oriente, donde en una parte había un restaurante de “lujo” llamado Wamba. Allí conocimos a Isa, a Mary y a Regina, esta última un amor platónico de esos que no se olvidan nunca, ya con 18 años volví a coincidir con ella en la universidad. Era una activista del PC, aunque rica de profesión. Era bella, muy bella y vivía en la casa frente a la Plaza de la Armería.
Un día nos invitó a merendar a la pandilla en su casa, nos sentíamos como gallinas en corral ajeno, pero ese chocolate con picatostes nos hizo se más cercanos a su status. Regina nos tenía locos de atar, y las demás celosas. Aquellos ojos verdes te desnudaban el alma cuando te miraban.
El cabo Noval era el testigo mudo de nuestros amoríos de jóvenes de 14 años.
Un día al bajar a ver a mi madre, ya casado, la reconocí empujando un cochecito de bebé por la calle Mayor. Sentí celos, y una melancolía difícil de describir.
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  1. #1 por Miguel Moreno González el 29/04/2010 - 19:39

    Con qué delicadeza y maestría narras estas -nuestras- cosas. Desde siempre esa melancolía me tiene atenazado el corazón.
    “Activista del PC”. Nadie que no haya vivido aquella época puede entender el significado que encierran esas dos palabras. Ese ir “contra el poder establecido” tenía un aire romántico que nos dejó en el rostro esta expresión que arrastramos del entusiasmo perdido. “Contra Franco teníamos más entusiasmo”. Porque ahora: ¿Contra qué o quienes vas? Parecen la cruel caricatura de la ilusión traicionada. Fantoches ellos, cansados nosotros y el vacio en el horizonte.
    Con este panorama es lícito volver la vista atrás buscando a Regina. Aunque sea con los ojos vidriosos y la mente confundida.

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