Me voy al pueblo

A ese que desde hace tiempo lo considero mi pueblo. A veces siento como si hubiera vivido allí toda la vida, otras más de uno me quiere sacar de mi ilusión pero… se jode que no lo consigue.

Tengo un fin de semana demasiado programado, cosa que no me gusta en demasía, pero a los demás también hay que dedicarse aunque sean solamente unas horas y de vez en cuando.
Unos querrán utilizarme (sin tapujos), otros creerán que me han utilizado (con tapujos) y el resto pensarán que esa cara de poker que les pongo es porque estoy fuera de la partida. Nada más lejos de mis intenciones.
Si me gustaría tener una pequeña, digo pequeña, bronca con alguien ya que últimamente ando un poco abatido y necesito caña para que la adrenalina se ponga a los niveles normales en mi.
Y todo, porque en los últimos días he pensado en EL tanto que a veces me da la impresión de que está a mi lado y mi loquero dice, además de que no quiero trabajar que esas cosas suceden a menudo porque echamos en falta a quien queremos aún. Si supiera que de vez en cuando salgo de casa sin decir nada a nadie me hago 100 kilómetros y me siento donde depositamos sus cenizas a pensar que sigue disfrutando de lo que tanto amó. Seguro que me echaba de la loquería del paseo de la Castellana.
¿Manda huevos?. Si, ¡manda güevos!. ¿Y para eso pago un seguro que me cubre loquería?.
Eso que me dice me lo habría dicho cualquier amigo delante de la barra del Gambrinus a la 1 de la tarde con unas cuantas cañas y un buen plato de jamón.
Así que cuando llegue a Sotosalbos, que hará fresco, encenderé la chimenea, saldré al porche a ver si los pájaros han hecho su nido, revisaré las plantas, les diré algo cariñoso y después de comer me echaré una buena siesta hasta que el mamón de Alberto me despierte para ir a echar de comer a las vacas. Me apetece mirarlas a los ojos para seguir investigando que coño quieren decir con esa mirada tan triste.
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: