Una tormetilla de "na" y…

… lo peor al llegar el viernes a casa es… ¡no tener cerveza fría!.

Es lo que menos arreglo tiene.
Uno en su infinita ingenuidad, piensa que a eso de las tres, y antes de comer, sienta de maravilla una cerveza y unas olivas.
Pero claro… nos se quién propone y otro dispone.
Vas a encender la caldera de la calefacción y te das cuenta que el piloto está apagado.
¡Coño! ¿Qué pasa aquí?, pero si hay luz.
Te diriges al cuadro y ves que el chisme ese de la fuerza está bajado; ¡dios!, lo subes y te diriges a la nevera.
¡La jodimos!, arranca, abres el congelador y ves el panorama, todo descongelado.
Vuelves a la puerta de arriba, la abres, tocas una lata de cerveza y… ¡caliente!.
¿Sólo te preocupa la cerveza?. Pues claro, lo estropeado de la nevera lo paga el seguro pero la cervecita de ahora no… Abriremos una botella de vino en lo que se hace la comida.
Y todo por la puñetera tormenta del pasado martes.
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