Enésima de Feria

Plaza de Toros del Hemiciclo

Toros de la ganadería del Conde de la PutaCrisis, grandes, gordos, peligrosos y negros.

Para los matadores, El Niño la crisis, unos cuantos más y Mari-ano El Corto que toma la alternativa por enésima vez.
Mañana soleada con grandes nubarrones en lontananza. Expectación máxima en los tendidos y en la tele-risión.
José Luís, El Niño de la Crisis aparece tras el burladero mordiendo la esclavina del capote con fuerza, ha visto los toros de cerca en el apartado y no sabe por donde meterles mano, el primero suyo sale de chiqueros saltarín y centrado en lo que se cuece en el semiruedo. Lo recibe acojonao pegado a tablas pero se defiende atacando y con unos lances que ya hemos visto en sus últimas actuaciones.
Los dos primeros tercios pasan sin pena ni gloria con abucheos del público y de algún que otro matador.
Toma la muleta con la izquierda, no brinda -¿para qué?- después de unos “recortes” del 5% a los aficionados, y un desplante de no se sabe qué quita de un golpe el cheque-bebé y arrastrando la muleta, con los brazos caídos y la mirada perdida en sus apoderados se dirige a por la espada de verdad, se equivoca y vuelve a coger una de mentira.
200 pinchazos hasta que se da cuenta, el toro cae agotado y se le oye susurrar -¡estoy hasta los cojones!.
Pitos, almoadillas y saludos desde el banco.
Suenan los clarines para la salida del segundo, Mari-Ano se dirige al niño.
– Ya te dije hace tiempo que así no se lidia, pero tú erre que erre. ¡Ahora te vas a enterar.
El segundo es un torito, bronca en los tendidos, el presidente los manda callar y aguanta el bicho en la plaza.
No consiguen meterle al caballo porque se cuela por debajo del peto con lo que el presidente cambia dos tercios de golpe.
El Corto toma los trastos y se va derecho al toro, con la derecha subraya que ya recomendó al Niño la necesidad de aplicar recortes, pero él al mostrar el engaño… ni recortes ni ná.
Intenta torear el natural pero esa no es su mano, tira la muleta al suelo, clava el estoque en la arena, pide una garrocha a su mozo de espadas y… ¡salta por encima del toro!
La plaza se viene abajo, mientras la bolsa del bocata de los aficionados se abre y sube un 0,98%.
El Niño sonríe desde el callejón.
Cuando El Corto cambia el estoque se vuelve a dirigir al niño – Ya te han dicho en Bruselas que no se te puede dejara solo-, José Luís le responde -¡y tú puta!- a lo que desde el palco del presidente le reprenden: ¿vale de insultar?, ¡que paro la corrida!.
¡Menos mal!, el presidente saca el pañuelo rojo y la corrida se suspende ante una lluvia de almoadillas, zapatos, y bocatas a medio comer de los espectadores.
El Niño, sigue siendo un novillero, El Corto jamás tomará la alternativa y el resto salvo El Bueno de Durán i Lleida da la impresión de que esto del arte taurino no va con ellos.
A la salida de la plaza, los espontáneos del sindicato convocan movilizaciones; Cayo Lara, El Izquierdito of Spain dice gritando, cuando las cuadrillas van a sus coches blindados -¡habéis pasado la línea roja!-; Gaspar, el Chico de la Llama dice que esto es un golpe de los mercados financieros contra el arte del toro.
Conclusión: división de opiones, unos en sus padres y otros en sus madres.
Me voy con mi hermano a tomar unas birras que “esta corrida no da pa más”
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