La Gran Vía (4)

Para Rafael Moneo, el mejor edificio de la Gran Vía.

Edificio Madrid-París
Actuación inicial : Anasagasti Algán, Teodoro de ; Jacobson, Maximiliano; Braive, G. : 1920 (P) 1922-1924 (O).
1ª reforma planta baja y cine Madrid-París : Anasagasti Algán, Teodoro de ; Siclis, Charles : 1933 (P) 1934-1935 (O).
1ª ampliación : Cánovas del Castillo y de Ibarrola, Fernando : 1956-1956 (P) .
2ª ampliación : Cánovas del Castillo y de Ibarrola, Fernando.
2ª reforma cine Imperial : García Benito, Mariano
Descripción
Este es el segundo gran almacén que se abrió en la Gran Vía tras los Almacenes Rodríguez, a los que superaba por mucho en monumentalidad , siendo el primero en la capital que reproducía el esquema por departamentos habitual en el país vecino, pues no en vano eran promovidos por la Sociedad Madrid París, con capital de origen galo. Consecuentemente, el proyecto original fue dibujado en Francia por el arquitecto G. Braive de la Societé d’Etudes et de Constructions, siendo readaptado en Madrid por Teodoro de Anasagasti Algán, encargado de dirigir los trabajos.
Para poder construirlo con la holgura deseada, además del solar expropiado para la apertura de la nueva avenida, la sociedad promotora adquirió las cinco casas que restaban en pie de la manzana, que ocupaba en total 3.809’46 m2, pero conservando de modo inexplicable la que hacía esquina en la calle Desengaño con Mesonero Romanos, que quedó integrada en la distribución interior. Ésta se realizaba en torno a un gran patio de luces octogonal, que se extendía desde la planta baja hasta la cuarta y se cubría con una cúpula esquifada de hormigón armado y 30 m de diámetro, coronada por una linterna igualmente octogonal, aunque el área de venta ocupaba sólo las tres primeras plantas, el bajo y parte del sótano, dedicándose el resto a instalaciones y almacenes de mercancías.
La entrada de público se efectuaba por dos grandes puertas situadas en los chaflanes de la Gran Vía y otra central de menor tamaño, protegidas por unos soportales que resultaron contraproducentes, pues el clima madrileño los hacía innecesarios, y sólo sirvieron para alejar los escaparates de los posibles compradores que transitaban por la ancha acera circundante. Una vez dentro, el acceso al sótano se efectuaba por una escalera imperial inversa, enfrentada a otra de planta ondulada que subía hasta el entresuelo; accediéndose a las plantas restantes mediante dos núcleos de escaleras con sus correspondientes ascensores situadas al fondo del local, y otros cuatro elevadores exentos. Por encima de esta construcción se elevaban todavía dos plantas más destinadas a oficinas, que tenían acceso por dos núcleos de comunicaciones independientes con acceso por las calles adyacentes, y que se extendían por las fachadas frontal y laterales formando una doble crujía en “U” que rodeaba la cúpula antes descrita.

Las obras comenzaron en diciembre de 1920, al tiempo que se solicitaba la correspondiente licencia, que se retrasó por las incoherencias contenidas en los planos procedentes de París respecto a la nueva alineación de la calle Desengaño, enredándose aún más el procedimiento por la valoración de los terrenos expropiados y el retranqueo establecido voluntariamente por el propio almacén para facilitar la carga y descarga de mercancías.
Por lo demás, hay que destacar el extenso empleo de la todavía novedosa tecnología del hormigón armado, que se ejecutó bajo la vigilancia del ingeniero Maximiliano Jacobson; siendo la mayor parte de los equipos e incluso del mobiliario suministrada por empresas francesas.
Como consecuencia, ese último año se planteó el cierre de los soportales de la planta baja según diseño firmado por Anasagasti, ocupándolos con escaparates para poder dividir el piso bajo y alquilar los locales; entre los que figurarían poco después los Almacenes Populares SEPU siglas de la Sociedad Española de Precios Únicos , o la “agencia española de turismo” CARCO, perteneciente a Ybarra y Compañía, realizada según un elegante diseño racionalista del arquitecto Luis Blanco Soler.
Simultáneamente se aprovechó el vacío del patio central para reconvertido en el cine Madrid París, con 500 localidades, siguiendo un proyecto del arquitecto francés Charles Siclis, que repitió aquí las soluciones formales que había utilizado cuatro años antes en el teatro Le Chezy de Neuilly, como el extraordinario techo perforado por una retícula de círculos luminosos del vestíbulo donde destacaba una espectacular fuente del más puro art decò , o la desnuda sala de exhibición cuya decoración se confíaba exclusivamente al efecto de la luz indirecta, que en Madrid se proyectaba sobre paredes y techos desde una ancha banda volada que recorría todo el perímetro; limitándose Anasagasti a resolver los distintos aspectos técnicos ligados a la ejecución de los trabajos.
La nueva sala se inauguró el 25 de abril de 1935 todavía con el nombre de Madrid París, que tras la Guerra Civil fue sustituido por el de Imperial; sufriendo en 1961 una nueva reforma según proyecto del arquitecto Mariano García Benito, que queriendo modernizarlo le dotó de un curioso estilo “retro” anclado en los años treinta, menos avanzado que el original; aunque esta imagen tampoco se ha conservado, pues fue completamente destruido a principios del siglo XXI para reconvertirlo en la tienda de moda Sfera.
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