Ha muerto el tío Julián.

Fue el último panadero de Sotosalbos, un maestro, según cuentan, de los bollos, el pan y los mantecados.

Al tiempo de jubilarse se fue a vivir con con sus hijos y la semana pasada le llamó dios a hacerse cargo de la panadería del cielo, seguro. No le conocía pero me han hablado tan bien de él que no me he podido resistir a contarlo.
Julián encendía el horno con “estepas”, en Cadalso las llaman jaras. Se las bajaban engavilladas de lo alto de la sierra, atadas con alambres y en un carro de bueyes.
La puerta de cuarterón de la casa-panadería siempres estaba abierta, en invierno y verano. Los vecinos corrían el cerrojo, abrían la puerta y entraba a por su deliciosa bollería o pan.
Cuentan que un día invitó a cenar a un paisano suyo, un conejo que acababa de asar en el cocedero. Dijo que su mujer ya había cenado y que si quería acompañarle estaría agradecido.
Así que con un buen vino y buen pan se comieron el conejo. Una vez acabada la sobremesa el vecino se despidió y Julián le dijo.
– ¿Te acuerdas aquel gato extraño que andaba rondando por la panadería y que deseaba pillar?, pues nos lo hemos cenado.
– Eres un cabrón te lo podías haber callado- Le contestó el invitado mientras Julián se reía.
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  1. #1 por Zorro de Segovia el 14/06/2010 - 20:08

    se van los viejos y lo que sabían

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