Autonomía estabulada

Dedicado a Fernando “Trazas”

Gracias por el término


Nosotros, los humanos, descubrimos que el ganado o mejor dicho la ganadería podía estar recogida en el establo o suelta en el campo. A una la llamamos “estabulada” a la otra “extensiva”. Los dos términos se pueden aplicar al autónomo, ese ser que trabaja casi siempre solo, explotado por un empresario u otro autónomo.


Nosotros los autónomos, dejados de la mano de dios y de la administración, sangrados por hacienda, penados por la seguridad social y despreciados por los nominados, esos que teniendo curro o no, siempre les ingresan la nómina todos los fines de mes, nosotros somos de los que chupa todo el mundo estén en establo o en la libertad.


Fernando y yo somos del tipo 1, autónomo estabulado. Y más dedicándonos a lo que nos empeñamos.

Te levantas todos los días pensando en lo que tienes que hacer, en la ducha pasas la esponja con delicadeza por las manos, tus herramientas más precisas, te lavas la cabeza con el cuidado de hacerlo como a un bebé no sea que alguna neurona se moje y provoque el cortocircuito del día.
Te has acostado a las mil porque ese puto cliente te ha presionado para que el trabajo se acabe ¡ya!.
Te tomas un café a toda leche -velocidad- y enciendes el ordenador si es que no se te olvidó apagarlo la madrugada anterior. Y comienza un nuevo día.

Lo primero revisar que has de facturar para que luego no te pongan pegas de que si la factura llegó tarde o no, luego revisar quien tiene que pagar porque a la hora de exigir lo hacen muy bien pero a la hora de cumplir… ¡dioses! ¡que sufrimientos!. Has de calcular bien, porque el IVA es inamovible y y eso de pagarlo antes de cobrarlo sienta como una patada en la cpu.


A diferencia con el ganado, nadie te va a echar de comer, estás estabulado, pero para esos menesteres tienes que portarte como extensivo, por lo tanto… a buscarse la vida entre los que vagan y pastan por las praderas urbanas.


Cuando te ven llegar al cliente te miran con recelo y a veces con envidia. ¿Envidia?. Si, muchos piensan que como vives tú ellos quisieran vivir. Sobre todo el cabrón de administración que ve tus facturas y echa cuenta de lo que puedes ganar con dos o tres clientes como ellos.

No piensan o no quieren pensar que tú a veces te tomas un café en un bar y estás haciendo lo que no te da tiempo a hacer en tu establo.


Con el Mac en una mano y el teléfono en otra sirves a quien sirvió, pero que no sirve para servir, sólo sirve para exigir. Es ley de vida -espero que tanto “servir” no sirva para confundir.


Un nuestro caso, como en el de tantos otros, la mesa contiene un ordenador, papeles miles, el móvil, y el fijo, discos duros que guardan celosamente tantas horas de soledad, de desesperación y de satisfacción de las cosas medianamente bien hechas, la puta impresora que sale más cara que un hijo tonto, un vaso con restos de café, el scaner y el router que te une con el exterior. El teclado, por mucho que lo mimes y limpies siempre tendrá más de una letra con signos de suciedad de la grasa de la piel.

Verás como la luz que entra por la ventana va cambiando cada segundo, es tu reloj.

A la una de la tarde tu dueña y señora te llamará por teléfono para darte instrucciones:

– Saca de la nevera un “taper” con lentejas para que no estén tan frías y en el de la tapa verde hay unos filetes.
Ya sabes lo que hay que hacer, cuando lleguen las dos y media, te pones el mandil, enciendes el gas y….
Antes, a las nueve, cuando se va, te dice cariñosamente:
– Si ves que no llueve, habría que pasar los cristales de las ventanas y si no tienes mucho que hacer pásate el aspirador, saca el lavaplatos y recoge las camisas que te he dejado en tu silla del dormitorio.
– ¡Señor, si, señor!
Y así un día detrás de otro, y lo que más jode… el tener que llevar al cliente algo que podías haberle enviado por ftp y… claro quiere verte. Necesita mirarte a los ojos para trasmitirte todo el poder que emana de su mente contra ti.
El tráfico, el aparcamiento, el ruido, la gente… ya te estorba todo. Te metes en el metro para no pillar lo impillable y miras a los demás -¿serán autónomos?, no, son desempleados y jubilados que se arrastran como tu, pero con muchas más preocupaciones que hacen que se alegre un poco el día al pensar lo dichoso que eres por poder soportar a alguien que te da para vicios naturales, comer y vivir.
A veces cuando voy al pueblo y veo las vacas de Alberto, a las que cuida con esmero, cariño y devoción me pongo en su lugar y pienso: ¡Qué bárbaro! ¡Como viven!
Son autónomas extensivas, no se juntan con otras del establo y miran a la sierra como sabiéndose poseedoras de todo el territorio.
Y cuando llega la noche se van solas a su “refugio”, lejos de lobos, de ruidos de bodas y con agua cerca. Y cuando quieren matarile, se alzan y ya sabe el toro lo que tiene que hacer, pero… ese es otro cantar.

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  1. #1 por Nacho el 31/08/2010 - 11:59

    Bravo. Excelente entrada llena de humor, ironía… y también de realidad.

    Saludos,
    Nacho

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