Ciclistas (recuperada)

Cuando los veo por la carretera con sus indumentarias de colores chillones cabalgando sobre sus bicicletas experimento una sorpresa agradable envuelta con papel suave de ternura. Me fijo en su cadencia y ritmo de pedaleo que pueden denotar su posible cansancio y darme la respuesta de si yo marcharía mejor o peor que ellos. En esos instantes siempre pienso que son los poetas del asfalto que viajan con una musa como compañera.
Don Quijotes románticos a lomos de frágiles Rocinantes que se enamoran de Dulcineas que viajan cómodamente. Buscadores de utopías que se creían marchitas y que se manifiestan como euforias que el viento incrusta en su costado izquierdo.
El ciclista vive en su soledad una aventura incomparable, siente en sus propias carnes y mente sensaciones desconocidas y sorprendentes: Ahora puede ir agotado y extenuado en un llano y cinco minutos después recuperarse y sentir que es capaz de coronar el puerto más duro que le pongan por medio y eso, mientras se recrea disfrutando del paisaje y ve como entre las revueltas de la cuesta, allá abajo en la depresión del valle, todo va quedándose más pequeño y entrañable. Guarda memoria fotográfica de lugares, días, horas, calores, sed, sudores, fríos, hielos, vientos, baches e, incluso, pensamientos que en un momento dado surcaron su mente.
El ciclista se reencuentra consigo mismo y reconoce humildemente su palinodia que mezcla con la sed, el hambre, el sudor y el dolor que le produce el esfuerzo límite que lo percibe principalmente en las piernas, pero que su ofuscación acaba situándolo en la cadena de su bicicleta e imagina que, en cualquier momento, tanto sus piernas como la cadena saltarán hechas añicos. Cuando supera lo peor le invade un orgullo inmensurable y comprende que eso es vivir. Analiza ese instante y valora la vida en sorbos de agua y porciones de alimento que el cuerpo recibe agradecido y satisfecho. Su mente se une a la alegría y en ese momento manda abrazos con el pensamiento a la gente que quiere. Es entonces cuando para él se produce la perfecta simbiosis de la vida al socaire de la naturalidad que da el entorno y el esfuerzo.
El ciclista aún en los peores momentos siempre retornará a la ruta, una parte de su personalidad flota en el aire y él, fiel a lo suyo, siempre irá a su encuentro. Es demasiado embriagador todo lo que le espera. No le habléis de otra cosa, no os entendería.
Miguel MORENO GONZÁLEZ
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  1. #1 por tony monton el 30/09/2010 - 18:44

    Felix y Raquel says:
    05/10/2009 en 16:17 (Editar)
    Al que le pica el gusanillo de la bicicleta, no lo salva ni la “paz ni la Caridad”, esto lo digo yo que soy esposa e hija de ciclistas que viven a golpe de pedal y viela.
    Me figuro….sólo me lo figuro, porque me cuesta mucho apretar las piernas en el esfuerzo de montar en bicicleta de la sensación de libertad, de perfecta comunión con la naturaleza, del disfrute del campo y del aire libre, de buena compañia y de los AMIGOS en mayúsculas, al menos eso quiero creer en las horas que Felix pasa en la bicicleta robandoselas a su familia, a su sueño y a su tiempo libre.
    Gracias por este cariñoso reportaje Miguel, como siempre creo y se que eres un genio y que hablas de lo que conoces y quieres

  2. #2 por tony monton el 30/09/2010 - 18:45

    Anonymous dijo:
    13/10/2009 en 20:39 (Editar)
    Raquel, eres una mujer llena de sentimientos como los libros de Delibes. Te admiro, pero no me digas esas cosas.
    Miguel.

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