Corromper al poder

Siempre he escuchado, oído y leído que el poder corrompe, hoy he descubierto que es mentira que no nos corrompe el poder sino que es el hombre el que lo corrompe.

El poder no es un agua fecal que llena de bacterias que contamina a quien es tocado; la bacteria es el hombre y el poder queda contaminado por los cuatro costados cuando el hombre lo roza y no usa como es su destino, lo abusa.

En nuestra mano está, cuando vemos situaciones corruptas, aplicar el antibiótico definitivo y cortar el camino a ese invasor de nuestro entorno.

Todas las formas de vida tienen que defenderse contra las invasiones microbianas, y para conseguirlo, producen las defensinas, o péptidos antimicrobianos.

En los humanos, las defensinas son fabricadas específicamente por ciertas células que después se tragan a los invasores, y también por la piel y las membranas mucosas para matar a los microbios antes de que atraviesen las barreras protectoras.

Pero en el momento en que esos invasores atraviesan las defensas y se instalan en nuestro alrededor, les importa un carajo tu vida, la de sus vecinos y la de los adláteres, entonces aplicaremos según prescripción médica, el medicamento específico con la dosis correcta para acabar con él y de paso enseñar a bacterias similares que están bajo la vigilancia de ese ser supremo llamado democracia, voto, urna, elecciones, etc.

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