Raíces

Cuando se pierde el contacto con la tierra en los mejores años, los que más influyen en el contacto con los demás, suele pasar que al volver a ese lugar que te vio nacer y crecer te sientes y te sienten un nuevo extraño dentro del ámbito natural.

Para mi, esos años que van de los 14 a los 21 son los que anclan tus raíces a la tierra, son los que te engarzan con los de tu edad, con los que tienen en esos momentos las mismas inquietudes que tú, con los que sientes y vives el día a día.

Vuelves, y te encuentras caras desconocidas, te es difícil entornarte, asimilar los cambios que se han reflejado en sus cuerpos y en sus pensamientos. Y más aún si ves que se te toma por lo que para ellos es un ente extraño. Has pasado de jugar al escondite a buscar algo por lo que luchar. La universidad te acoge, te envuelve y te separa más aún de ellos.

Entonces te es más fácil enamorarte de cosas con las que antes no había gozado: la soledad, la lectura, la fotografía, el campo y la vida exterior a la que antes no habías prestado atención.

Y llega un día en que gracias a alguien vuelves y conoces a aquellos que fueron de tu edad, un año más o uno menos viejos o jóvenes y descubres que han estado ahí todo el tiempo, que el que no lo ha hecho has sido tú, que has abierto otros horizontes que nunca sabrás si son más o menos amplios pero que son distintos. Y pasas con ellos toda una mañana y parte de la tarde, hablando oyendo y escuchando.

Hablando porque tienes muchas cosas que contar, oyendo porque muchas veces no escuchas ya que tienes el pensamiento en otros tiempos y actos, escuchando porque lo que oyes merece la pena tratarlo con atención. Y ríes porque hacía mucho tiempo que no sentías la sinceridad de unas palabras que habías esperado hacía mucho tiempo, y no lloras porque las emociones algunas veces a estas edades no dejan salir unas lágrimas que son necesarias aunque sólo sea por sentir los ojos.

Y de vuelta a la historia diaria, dices y escuchas cosas que te hubiera gustado oir antes, y te tomas dos cervezas recordando, otra vez, tiempos y aceptando que aquello que alguna vez tu te has echado en cara te lo lanzan con la sinceridad de dos copas de más. Más tarde de vuelta a casa, solo, entre la vorágine de gente que vuelve a la suya o huye de ella, piensas que a lo mejor no merece la pena darle tantas vueltas a las cosas. O quizá si.

Gracias a los tres que me hicisteis recordar que Cadalso existe.

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  1. #1 por Miguel Moreno González el 17/10/2010 - 13:38

    Sería interesante que “descubrieras”, si lo tienes a bien claro, quienes son esos tres. Más que nada porque a lo mejor ellos se sienten felices de saberlo y nosotros de conocerlos.

  2. #2 por Pedro Alfonso el 17/10/2010 - 14:58

    Bueno, a lo mejor son esas tres….tu dirás.

    Zorro.

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