Hijo mío, todo lo que ven tus ojos…

… algún día será tuyo.



No se trata de la casona, ni de la dehesa, ni el ganado, ni tan siquiera los gansos y los perros que corretean por los jardines, no. Los primeros pertenecen a los bancos, las subvenciones y los demás… no se quien es su dueño.

A ti te pertenecerán, los cielos y la tierra, los bichos y las aves, las aguas y las fuentes, todo aquello que yo heredé de mis padres y ellos de los suyos, y los suyos lo heredaron de sus padres.


Y lo recibimos casi virgen y nosotros lo cuidamos lo menos posible porque nos parecía eterno. Y pensábamos que esto se cuidaba solo, que no hacía falta hacerlo caso. Y es verdad, nuestra tierra nos enseña, pero lo hemos aprendido tarde, que ella sola es capaz de regenerarse y que nunca desaparecerá pero lo que si lo hará será la forma de convivir con nosotros.

Acabaremos con la civilización y la forma de vida tal y como la conocemos, y otros seres nacerán que darán cuenta de lo poco que somos. Y lo que te dejo será tuyo; la tristeza que me queda es que no te dejo un legado puro como me lo dejaron, queda podrido y contaminado y no se si serás capaz de arreglar aquello que hemos convertido en moneda de cambio para un estado del bienestar que nos decían, palabras de las que hemos hecho caso según nos convenía. Palabras llenas de ambición pero vacías de contenido y menos aún de continente.


Ahora sólo sirve el mira atrás y ver si puedes hacer algo por conservar, al menos, lo que te ven tus ojos, que parece bello pero que si te acercas lo verás en proceso de tumoración.

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