¡Cuanto las echo de menos!

Sobre todo en esos momentos después de cenar en los que sentados en el salón prestando o no atención a la tele, más de dos horas sintiendo su presencia antes de irse a dormir.

Pequeños detalles como el apoyar la cabeza en mi hombro, la una llamándote “papito” o Tony, la otra “papi”.

Y ahora cuando me levanto y subo las persianas de sus habitaciones para que entre el sol miro alrededor y aunque quedan rastros de su presencia me doy cuenta de que no están. Se me humedecen los ojos y las encuentro en sus casas con alguien al que no le han dado más derecho que el quererlas pero nunca como yo lo hago. Si, son felices, pero su felicidad me hace a mi algo infeliz. ¿Egoísmo?. Puede ser. Me imagino que en mi caso, ya hace muchos años, sucedería lo mismo.

Las tengo tan lejos y tan cerca que a veces la desesperanza me sacude tan duro que me es imposible concentrarme en lo que hago.
Y sobre todo recuerdo todos y cada uno de los viajes con ellas, los cuatro conociendo lo desconocido por todos y cada uno de los lugares que hemos pasado. Nuestro viaje a París por mi cincuenta aniversario, cuando un buen día en Cadalso, después de cenar, llegaron con un sobre, lo abrí y eran cuatro billetes para la ciudad de mis sueños.


– Como comprenderás no vas a ir solo. O con nosotras tres o sin nadie.

O como aquel día que llegando del colegio me contaron que viendo diapositivas de monumentos románicos y preguntando la profesora si alguien conocía tal o cual imagen, ella respondía a todo.
Al interrogarla que porqué lo conocía respondió orgullosa:


– He ido con mis padres durante las vacaciones.

No nos conformábamos con playa y sol. Quería que ellas descubrieran algo del arte de esta país. No era cuestión de conocer paraísos lejanos, playas del Caribe o lugares a los que algún día podrán ir. Quería que se empaparan de arte. Y disfrutaban tanto como yo. Intentaba explicarlas el porqué de ese claustro, ese capitel o ese atrio que a mi me maravillaba y creo que lo conseguí y estoy seguro que ellas recuerdan aquellos momentos.

Aquel en que sentados en el puente de Alcántara les contaba que la Ruta de la Plata pasaba por allí y que se imaginaran carros y soldados subiendo la cuesta para bajar hacia Itálica.

Y me quedo con aquellos recuerdos y me gusta imaginármelas en todos y cada uno de los momentos vividos con ellas sin necesidad de echar mano a fotos en papel que me refresquen la memoria. No hace falta las tengo en ese rincón del disco duro, protegido con todos los muros que yo mismo me he construido. Y millones más que guardo para nosotros cuatro sólo.
Ahora los dos sin vosotras, esta casa nunca será lo que fue.
Las sobremesas de los domingos se celebran en tres casas distintas, y en ellas sigue habiendo lugar para vosotras y nosotros.

No hace falta que os lo diga pero… os quiero como jamás podré querer a nadie ni en esta ni en otra vida. Y vuestras lágrimas por leer esto se juntarán con las mías hasta hacer un océano de amor.

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  1. #1 por Helena el 20/10/2010 - 11:10

    Yo he llorado. Muchas gracias “papi”.
    Te quiero.

  2. #2 por María el 20/10/2010 - 11:28

    Que estoy llorando y no veo casi la pantalla para escribir!!!
    Muchas gracias “papaito”
    Y también te quiero

  3. #3 por Miguel Moreno González el 20/10/2010 - 19:17

    Es que el arte es amor… Y tú has sabido descubrirles el arte mediante tu amor hacia ellas. Ahora tus hijas te quieren con arte. El amor más bello…
    Yo no he sabido inculcarles a mis hijos ese amor hacia la belleza de todo lo que nos rodea. Es más, ni siquiera han estado sentados con nosotros más allá de 10 minutos. Pero ahora hay momentos en que percibo que aún nos restan muchas cosas por vivir juntos.
    Y es que yo cuando realmente empecé a descubrir a mi padre en toda su auténtica y conmovedora dimensión fué con más de veinte años. Desgraciadamente no tuvimos mucho tiempo para seguir alegrándonos con nuestro mutuo cariño.
    Estas sensaciones son por las que realmente merece la pena venir a este mundo. Tenemos tan poco tiempo y lo desperdiciamos en banalidades, que no puedo remediar mi rabia al comprobar tamaño derroche tan absurdo.
    FELICIDADES POR SER FELICES

  4. #4 por Nacho el 20/10/2010 - 20:14

    Sensacional post. Vaya derroche de recuerdos y amor paterno. A veces los hijos no nos damos cuenta en toda su extensión de cuánto nos queréis los padres.

    Me alegra notar en tu escrito la pasión que, como yo, sientes por la Historia y el Arte. Muchas veces he pensado que si mi padre fuera mi profesor sacaría todo sobresalientes: conscientemente o no se me “queda” lo que me cuenta.

    Enhorabuena por el post Tony. No conozco a tus hijas, pero seguro que quieren a su padre tanto como él a ellas. No dudo que alguna lágrima se les habrá escapado leyendo este bonito homenaje.

    Saludos,
    Nacho

  5. #5 por Felix y Raquel el 22/10/2010 - 21:17

    Hermoso todo el relato y enriquecedor., no soy tu hija y se me ha escapado alguna lagrimilla, los hijos por suerte o desgracia nuestra no son nuestros son del mundo y llega el momento que han de volar (nosotros mismos así lo hemos hecho) ahora que soy madre y veo que se hacen mayores mis hijos y cada vez me necesitan menos, me entra la melancolia y el recordar a mi padre que sintio la mayor puñalada de su vida cuando decidimos casarnos, en aquel momento no entendí su enfado, pero ahora veo el porqué y lo entiendo en cierta medida.
    Me pasa como a Miguel, empece a disfrutar tarde de mi padre y me duro muy poco, sólo unos pocos años que caben en los dedos de una mano , pero te aseguro que me sirvieron para conocerle y amarle más allá de la muerte, él está siempre conmigo (siempre digo que detrás de mi chepa) y me siento protegida por él.
    Espero que sigas disfrutando de tus hijas y de tu esposa, y que dentro de poco te den algún nieto para que recuerdes las sensaciones ya vividas.
    Besotes tiernos.

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