Alguien pasó por Sotosalbos

Nº de orden (6)


Cuando pasen muchos años –esos misteriosos “muchos años” que daban aliciente a nuestros cuentos infantiles- y de nuestra vida no quede nada, absolutamente nada, por este mismo cielo azul sotalbeño seguirán pasando estas mismas nubes blancas; habrá un perfumado día de primavera y otro desolado de otoño; unas flores nuevas en el jarrón adornarán la estancia iluminada; la brisa ligera del amanecer estremecerá a los enamorados; los felices descubrirán que la risa es el perfume de la emoción y las lágrimas su sabor; las mariposas brillantes y multicolores continuarán danzando con la vida en este mismo rayo de sol y, sin embargo, nadie ya sabrá de nosotros. Aquí, en Sotosalbos, otros hombres y mujeres tejerán sus ensueños con emociones, el resplandor de sus hermosas promesas seguirá incendiando el horizonte, acariciarán sus ilusiones, endurecerán su ánimo de lucha, seguirán amando y sonriendo, olvidarán y perdonarán.

Y nosotros no seremos nada; nada de nosotros quedará ya entre las nuevas generaciones; definitivamente nada de nosotros permanecerá en un recuerdo. Nadie sabrá si fuimos malos o buenos, ricos o pobres, alegres o tristes, críos o adultos, ni siquiera si nuestra vida fue bella o vulgar. Sólo continuará cabalgando enamorado por estos andurriales Don Quijote, con su bondad a toda prueba, su integridad a cuestas, su emoción ante todas las cosas, su valentía ante la vida, su generosidad aventurera, su admiración vital y con todo su melancólico amor intacto. Porque todo es cuestión de mirar lejos, de pensar largo, de sentir auténtico… Como Don Quijote de Sotosalbos .

Cuando pasen muchos años, quizá lean estos escritos “De paseo por Sotosalbos” y sabrán entonces que estuvimos por aquí y, a lo mejor, se emocionarán con ellos como nos emocionábamos nosotros de niños cuando nos leían cuentos infantiles las noches de invierno. Únicamente entonces sabrán que alguien pasó por Sotosalbos…                      

Melancólico

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