Sentados en la plaza.

Nº de Orden (8)

P.: ¿Cuanto tiempo llevas viniendo a Sotosalbos?
R.: Mucho, se me hace que estoy aquí desde hace siglos. Al principio corría el tiempo muy aprisa, ahora va en plan supersónico. Paso un fin de semana de esos que duran horas.

P.: ¿Qué te trajo aquí?
R.: No lo se, sólo recuerdo que un buen día apareció en La Vanguardia un artículo, lo leí, me interesó y compré esto.

P.: ¿Que tal se vive en Sotosalbos? Porque tu pasas los fines de semana pero vienes alguna temporada más larga.
R.: Bien, muy bien. Si te dedicas a caminar o montar en bici, recorrer los alrededores y sobre todo conversar con la gente que merece la pena escuchar. Y sobre todo salir al campo en dirección a la Sierra y sentarte en una piedra lo más alto posible, lo más cerca de la cumbre y ver como se extiende Castilla en el horizonte, sin ver ni mirar a los castellanos y su cerrazón a todo lo demás.

P.: ¿Cerrazón?
R.: Si, el castellano aunque sea de letras, esté cultivado o no, tenga ciencias, o conocimientos es un ser cerrado que la mayoría de las veces no ve el bosque que hay tras los árboles. Y no quiero decir con esto nada insultante, Castilla imprime carácter y en toda esta España hay castellanos que no son de Castilla, que en cualquier olla se cuecen habas, pero estas habas…

P.: ¿Que entiendes tu por castellano?
R.: Aquellos que han nacido desde Despeñaperros a los Picos de Europa y de Lisboa a Valencia. Todos incluidos.

P.: ¿Y los segovianos de Sotosalbos?
R.: Estos por estar en el centro de ese rectángulo son más castellanos que nadie. A veces da la impresión que aún se creen los dueños y fundadores de Castilla y que los demás que venimos no merecemos pisar su tierra a la que llegamos a amar tanto o más que ellos, seguro que más que ellos. Al principio de estar aquí sentía constantemente el aliento en el cogote, miraba hacia atrás constantemente porque me sentía espiado si salía a andar, o me tomaba una cerveza en Manrique o subía a por el pan a Collado, o compraba el periódico en La Matita. Llegué a comprarme un espejo pequeñito para no volver la cabeza. (Risas)
Cuando hicieron la concentración parcelaria se me ocurrió un día asomarme por los caminos que estaban haciendo. Un maquinista de una excavadora paró la máquina y me preguntó si quería algo, le contesté que no, que porqué me lo decía. Sólo gruñó señalando a un paisano sentado bajo a un árbol y a voces me dijo que no era por nada, que aquel tío le había dicho que si alguien venía le preguntara que quería y se lo enviase.
Así que me fui a el y le pregunté que qué quería. Me contestó que nada, que que es lo que quería yo.

P.: No entiendo qué quieres decir.
R.: Nada, cosas mías. Pero ándate con cuatro ojos, si pueden te querrán.

P.: ¿Y eso es malo?
R.: No, no es malo, es extraño y las cosas extrañas pueden llegar a ser paranormales.

Remitido por JM

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